5 a.m. ¡Que nada nos detenga!

mayela
Foto por Su Valenciano

A inicios del año 1990, una joven corre felizmente por las calles de su pueblo, un policía al descubrirla la persigue y la detiene. Al interrogarla, ella muy segura y sorprendida,  interpeló que su único crimen era robarse una hora de las 24 del día para ejercitarse.

Este relato describe de manera real e increíble las difíciles experiencias que las mujeres  enfrentamos y toleramos hace veinticinco años, cuando optamos por ejercitarnos al aire libre.

Aún recuerdo algunas frases como: “vagabundas”, “su lugar es la cocina”, “mejor se ponen a barrer”, “atiendan a sus esposos”…que mis amigas Ani, Ligia y yo, debíamos oír cuando corríamos, pues a la sociedad le parecía innecesario y una pérdida de tiempo para nosotras las mujeres realizar esta actividad, considerada exclusiva para los varones.

Además,  por  horarios de trabajo, debíamos realizar nuestra rutina física al amanecer lo que nos generaba otro tipo de molestias, como eran los abusos de ciertos individuos quienes aprovechaban el poco movimiento de transeúntes a esa hora de la mañana para realizar insinuaciones y exhibiciones obscenas en plena vía pública.

Ante tal situación, mi amiga Ani, mujer inteligente y decidida, se las ingenió y construyó un arma casera, la cual nos protegió por mucho tiempo.  Tal arma consistía en un palo de escoba con varios clavos en un extremo, el cual era nuestro escudo de protección, mientras corríamos.

Sin duda, parecíamos auténticas amazonas, luchando por realizar nuestras carreras mañaneras y defendiendo nuestro derecho a procurar nuestro bienestar físico y emocional  por medio del ejercicio.

Gracias a esa poderosa arma, fuimos implacables y difícilmente alguien se atrevió a molestarnos y no permitimos que nada ni nadie nos detuviera, porque amábamos y disfrutábamos esa hora nuestra, esa sensación de libertad, esa brisa fresca de las cinco de la mañana inyectándonos energía, generándonos  hormonas de felicidad y eliminando toxinas de nuestro cuerpo, mientras corríamos a cielo abierto.

Por muchos años este grupo de amazonas devoramos muchos kilómetros juntas, las tres compartíamos el gusto por el deporte y sus beneficios, además nos dábamos apoyo y motivación para superarnos y mejorar nuestra vida.  Como fue el caso de Ligia, quien por las obligaciones del matrimonio no se había realizado profesionalmente, y ella sentía que ya había pasado su tiempo, pero nuestras voces, estaban presentes mientras corríamos, como dos cinceles tratando de derrumbar los muros que le impedían convertirse en la excelente enfermera que es actualmente.

Además, Ligia aun nos sigue demostrando de lo que está hecha, ya que inmediatamente después de cumplir jornadas nocturnas de hasta 10 horas, nos acompaña a caminatas a la montaña, con esa energía que la caracteriza, siendo un ejemplo y orgullo para todos.

Actualmente, estas caminatas una vez al mes es el único ejercicio que hacemos juntas, ya que por diversos motivos, es imposible coincidir para correr las tres como lo hicimos por tantos años, pero aún seguimos corriendo.

El camino fue largo, la lucha fue grande, pero hoy un cuarto de siglo después, me emociona ver  que cada vez hay más personas que están realizando ejercicio, y además son cada vez más las mujeres que engalanan las calles con sus coloridos trajes deportivos, mientras corren en pos de su salud.  Esto significa que la lucha que unas pocas iniciamos hace años, permitió que muchas más corran por la vía pública sin ser insultadas.

Lamentablemente, hay un problema que aun en la actualidad se sigue presentando como es el de ciertos individuos que continúan dando exhibiciones obscenas en plena vía pública; como le ocurrió hace algunas semanas a la actriz costarricense Rocío Carranza, mientras corría por las cercanías de su barrio; pero ella muy valientemente enfrentó y denunció al sujeto.  Esa es la actitud que debemos tomar, denunciar sin temor.

Continuemos disfrutando, ya sea corriendo, caminando o en bicicleta, pero que nada ni nadie nos detenga a realizar nuestro gusto por ejercitarnos al aire libre.

Hagamos eco de las sabias palabras de la Madre Teresa de Calcuta: “Cuando por los años no puedas correr, trota.  Cuando no puedas trotar, camina.  Cuando no puedas caminar, usa el bastón.  Pero nunca te detengas”.