¿Cumples 30?

mayela

Aunque el tiempo transcurra y el mundo se transforme, las mismas conductas y presiones sociales continúan dándose en la era actual.  Para corroborar este comportamiento, decidí  viajar en el tiempo para analizar y comparar los tiempos de 1900 hasta la actualidad.

Así que tomé la carreta y me dirigí hacia el año 1919 y me encontré con el casamiento de mi abuelita Caridad, quien iniciaba su vida matrimonial a la edad de 19 años, para de esta manera cumplir con el único objetivo para el cual la mujer estaba destinada en ese tiempo: casarse y procrear los hijos que la divina providencia le mandara, así fue como de este matrimonio nacieron 14 hijos, de los cuales solamente dos llegaron a la edad adulta.

Continué mi camino en tren y me bajé en la estación 15 diciembre 1951, justamente al día de la boda de mis padres, Lidia de 21 años y Juan de 29. El rostro de mi madre en las fotografías reflejaba temores y dudas. Lo cual se debía a que ella a esa edad no estaba muy segura de querer casarse, pero lo hizo por insistencia de su madre y la presión social de ese tiempo de que la mujer no podía quedarse sola y necesitaba el amparo de un hombre.

Como vemos, en esa época las mujeres no tenían decisión, ni opción de planificar la familia, ni mucho menos de estudiar. Mi madre llegó hasta quinto año de la escuela, porque para cursar el sexto grado debía ir al centro de la ciudad, lo que era imposible debido a las limitaciones económicas y la poca importancia que se le daba a la preparación profesional.

Seguí mi viaje en bus para llegar a mi época, 1960, donde viví una infancia con muchas privaciones que me ayudaron a formar mi carácter. Además tuve el gran privilegio de muy pocas en aquellos tiempos, ya que para los 70’s estaba ingresando  a la secundaria, gracias a la ayuda de mis hermanas Edith y Marita.

Un gran avance se da en este período, pues  ya las mujeres tienen la oportunidad de estudiar y optar por una carrera técnica o universitaria, pero aun así, los matrimonios se seguían dando a edades muy tempranas, pues se consideraba una solterona a la muchacha que a los 23 años no se había casado. Así sin terminar sus carreras, sin una estabilidad económica, sin realizarse ellas como mujeres, asumían las grandes responsabilidades que conlleva el matrimonio como lo son un esposo e hijos, lo que las atrasaba o las alejaba para terminar sus estudios universitarios. Sin embargo, en  esta época  se dio otro gran logro, que las parejas planificaran la cantidad de niños que deseaban y pudieran mantener.

Aquí termino mi camino al pasado y llego al año 2015, donde la mujer ha superado esas barreras que le quitaban su libertad para disponer de su vida como ser independiente y capaz de decidir por ella misma lo que desea para su futuro, antes de pensar en si quiere formar o no una familia.

Actualmente la mujer se prepara, estudia, se supera y logra realizarse en lo que la hace feliz, pero todavía, la presión social continúa. La mujer es juzgada si a los 30’s no se ha casado, no tiene hijos, no tiene el carro del año, no ha terminado una carrera, no tiene el mejor empleo, etc. de tal modo que si no cumple con los parámetros que la sociedad determina, la consideran fracasada, sin imaginar que simplemente lo que para muchos es la felicidad para otros no lo es tanto.

Para demostrar este comportamiento social,  entrevisté a cinco mujeres auténticas, de carne y hueso, quienes desnudaron su alma y confirmaron mediante un testimonio su realidad.

Todas ellas muy bellas, inteligentes, profesionales, económicamente independientes, con edades entre los 30 y 35 años, quienes viven en el área metropolitana. Una vez realizada estas entrevistas, todas afirmaron que la presión social sí existe, a tal punto que algunas la sufren tanto dentro como fuera de sus familias. Esta presión se manifiesta con insistentes preguntas y comentarios como:

  • ¿Con esa edad y aún no se ha casado?
  • ¡Apúrese que la va a dejar el tren!
  • Ya le tengo un prospecto de novio, se lo voy a presentar…
  • ¡Por lo menos debería tener un hijo!

También algunas coinciden en que a esta edad la mayoría de sus amigos ya están casados o están por formar su propia familia, así que su grupo de salidas de los 20’s se reduce  y de pronto únicamente las invitan a los té de canastilla, bodas y cumpleaños infantiles; lo cual hace que se sientan presionadas y por ende puedan tomar decisiones desesperadas.

Otro aspecto importante es el pánico a la soledad que algunas experimentan al ver que se van quedando sin pareja, y su autoestima se ve amenazada al creer que su apariencia o personalidad no les favorece para encontrar a ese compañero de vida que tanto ansían.

Algunas profesionales de mucho éxito concuerdan en que la frustración se apodera de ellas, al considerar que lo único que no han podido realizar es encontrar a ese hombre que se comprometa a ser parte de un proyecto en común como es el matrimonio, quizás porque con los años se va  adquiriendo mucha más sabiduría y el seleccionarlo es cada vez más difícil.

Realmente preocupante es lo que algunas mujeres y también hombres, se ven obligados a hacer con tal de cumplir con los requisitos que la sociedad considera hacen al individuo un triunfador y al compararse con los que lo han logrado a su misma edad, los convierte en seres desesperados, frustrados, amargados y terminan tomando decisiones equivocadas.

Otro dato curioso y digno de señalar es que en la zona rural la gran mayoría se casan o tienen hijos siendo aún muy jóvenes, según lo comprobé con el relato de una muchacha oriunda de una zona alejada, quien afirma que es la única de su generación de colegio que hoy, próxima a cumplir sus 30 años, está soltera. Esto por la simple razón, de que ella decidió venirse a San José para trabajar, estudiar y procurarse un futuro mejor. Lo cual es un indicativo de que al haber menos posibilidades de superarse y de trabajo en esas zonas, los jóvenes se enfocan únicamente en formar su propia familia a una edad mucho menor que los de la zona urbana.

Al analizar esta problemática y cuanto afecta a la mujer de treinta,  me reconforta saber que cada vez son más las féminas que se toman su tiempo para realizarse como personas, como profesionales, como hacedoras de su propio destino, sin permitir que esas palabras necias de la gente las agobie, las frustre o las hiera.  Viviendo el día a día, con sus alegrías, con sus tristezas, con sus decisiones, con sus proyectos, porque sabe que es un ser único, muy valiosa y dueña de su propia vida y felicidad. Que la soltería hoy no es más que una opción, que el vivir solo, el matrimonio, la unión libre, el dar o no vida a un ser humano, el adoptar un niño, en fin son decisiones íntimas que ni usted ni yo como sociedad debemos juzgar.

Y para esa mujer que aún sufre esa presión y se ve afectada, a continuación unas recomendaciones de una mujer, que  ha caído, ha llorado, ha perdido a seres amados, pero se ha levantado, ha secado las lágrimas, para continuar avanzando y disfrutando el preciado tesoro que es la vida.

  • No te desesperes, por lo que no tienes y deseas; valora cada respiración, cada paso que das, cada amanecer y cada atardecer.
  • Ama tu trabajo, tu profesión u oficio, no te esclavices realizando una labor o estudiando una carrera que no te apasiona, por el simple hecho de obtener prestigio o un mejor salario, vale más tu realización personal.
  • Escoge un momento del día y un lugar donde estés a solas, sin interrupciones, alejando de tu mente todo pensamiento, para que te encuentres a ti misma y al lograrlo estarás encontrando a Dios y así tendrás esa paz espiritual que tanto se necesita.
  • Confía y quiérete a ti misma, pues tal como te consideres, así te reflejas hacia los demás.
  • Que tu felicidad no dependa de otra persona, esa responsabilidad es solo tuya.
  • No le tengas miedo a la soledad,  no hay peor soledad que la que se sufre al estar acompañado.
  • Si decides tener un hijo,  que sea porque realmente lo deseas, y no por el simple hecho de no sentirte sola,  pues te convertirás en una más de las tantas madres manipuladoras y sobreprotectoras que hacen de sus hijos seres frustrados al no dejarlos ir, por la necesidad de compañía, siendo la soledad un estado en que tarde o temprano la mayoría la vamos a experimentar y que se debe hacer con sabiduría y procurando nuestra salud física y emocional.
  • Que sí no ha llegado o no llega esa persona  comprometida a vivir un proyecto en común contigo; entonces vive tú, pues eres lo más valioso y lo mejor que la naturaleza ha creado. Y que hay dos opciones disfrutar  lo que se tiene, que es demasiado o lamentarse por lo que no se tiene.
  • Invierte en ti misma, como por ejemplo en tu salud, en estudiar un segundo o tercer idioma, en viajar o leer un libro, son formas valiosas de invertir tu tiempo pues los resultados te servirán por el resto de tu vida.
  • Únete a algún grupo para que practiques alguna actividad que te agrade, como por ejemplo caminatas al campo, la montaña o la playa, las cuales te proporcionarán energía física y espiritual. También el baile es otra alternativa, en fin hay muchas opciones, lo importante es hacer lo que te apasione.

Mujeres de la tercera década, tomen en cuenta que la presión social continuará existiendo en la medida en que nosotras permitamos que los estereotipos manejen nuestra vida, así que disfruten lo que han logrado hasta hoy y que dentro de un año no solo sea un año más de edad, sino un año mejor en todo aspecto físico, espiritual e intelectual.  Lo valemos...

 


Les comparto también este blog muy interesante sobre alguien que se realizó con su deseo de viajar a pesar de lo que la sociedad le proponía.