Esclavitud Tecnológica

mayela

Por ser modelo 60, he vivido tiempos de muchos cambios que me han hecho valorar cada etapa de mi vida. Nací en una familia de escasos recursos, mi mamá ama de casa, mi padre jornalero,  quienes a pesar de las limitaciones económicas nos dieron a mis 7 hermanos y a mí una educación y excelentes valores, que gracias a ellos, hoy soy una mujer plenamente realizada.

Mamá Lidia, como le decíamos de cariño, fue una dama con una fortaleza y convicciones muy firmes que nos mostró con su ejemplo que la vida es dura y que se debe trabajar con ahínco, voluntad y gran esfuerzo para lograr lo que nos proponemos. La recuerdo levantada desde tempranito, con el primer canto del gallo y con Radio Reloj a todo volumen y ese olor a cafecito caliente y a tortilla palmeada; aroma que venía de la cocina de leña e invitaba a levantarnos.

Además de todos los quehaceres de la casa, ella cosía, vendía almuerzos, y colaboraba en nuestra escuela; como no admirar y valorar a Mamá Lidia, mujeres como ella, casi en extinción, y lo más admirable de esas amazonas, era que realizaban todas esas actividades sin las facilidades de los artefactos eléctricos que utilizamos actualmente.

Papá Juan, fue un hombre trabajador, honrado, con un gran sentido de la responsabilidad y la honestidad, deportista y cien por ciento herediano, quien con una voluntad de hierro trabajaba de sol a sol para dar lo necesario a su amada familia y que no faltara el alimento en nuestra mesa.

En aquellos tiempos, me padre contaba que: “para poder ir a jugar fútbol los domingos, mi hermano Toño y yo debíamos dejar cortada la leña, y luego irnos corriendo tres kilómetros para llegar a la cancha a las once que iniciaba el partido, y descalzos pues no había plata para tacos o algo parecido”.  Él nos narraba con tanta emoción y pasión esas anécdotas, que fue así como aprendí a amar el deporte y comprendí que toda esa energía que mi papá irradiaba se debía al ejercicio que realizaba. 

Los domingos eran días maravillosos, pues en la mañana iba al estadio de Heredia con mi papá, en la tarde veíamos partidos de béisbol y con él aprendí a entender este deporte pero lo más sorprendente era que él lo había aprendido desde la transmisión del radio.

Que época aquella, donde el narrador tenía una capacidad increíble para transmitir con aplomo, pasión y rica descripción todo lo que hoy la tecnología y las imágenes  hacen en segundos.  ¿Cuánto perdimos o cuánto ganamos?

En fin, todo este viaje al pasado, describe que he vivido tiempos de variadas transformaciones desde la era artesanal, donde aprendí a valorar el esfuerzo de mis padres y todo lo que lograron literalmente trabajando con las uñas; la industrial donde se inicia toda esta era tecnológica con la que crecí, hasta llegar a la era informática, la cual me llegó en la edad adulta, y que hoy en día  nos permite tener al alcance de un dispositivo móvil, toda la información necesaria para satisfacer la mayoría de nuestras dudas y necesidades creadas por los magos de la tecnología, haciendo nuestras vidas más placenteras y fáciles.  Sin embargo, con este tema se presenta una gran interrogante, ¿nos estaremos acostumbrando demasiado a hacer “click” sin movernos de nuestra silla, sofá o cama, y convirtiéndonos en seres cada vez más con el “síndrome del mínimo esfuerzo físico” abusando del uso del celular y los videojuegos?

Es aquí cuando nosotros los que rondamos los 50 años debemos alertar a nuestros niños y jóvenes sobre las consecuencias del uso excesivo de la tecnología y recordarles que hay un mundo físico que el Creador pintó de colores y que nuestros abuelos nos heredaron para nuestro disfrute. Que existen actividades tan simples y tan fascinantes como es el apreciar un bello amanecer o un relajante atardecer; que podemos dejar de chatear para empezar a tener conversaciones cara a cara con nuestra pareja, amigos y familiares; que debemos tratar de no perder ese contacto físico tan importante para nuestra salud emocional y que disfrutar de una caminata, andar en bicicleta, en fin cualquier actividad física, será muy beneficiosa y por último, que se debe encontrar un equilibrio con el uso de la tecnología para así evitar enfermedades como:

  1. Síndrome del Túnel Carpiano: Es la principal enfermedad que pueden sufrir las personas adictas al chat y a conversar en línea con otras personas.
  2. Daños en la audición: Si escucha música en unos audífonos a todo volumen, se arriesga a sufrir problemas de audición.
  3. Problemas mentales: Uso excesivo de la tecnología puede ocasionar depresión, aislamiento social, ansiedad, pérdida del placer y el disfrute de las actividades diarias, entre otros problemas psicológicos.
  4. Sobrepeso y obesidad: Estos problemas se dan por el sedentarismo, dando origen a otros problemas como enfermedades en el sistema circulatorio, diabetes, entre otros.
  5. Daños irreparables en el sistema nervioso: Abusar de la tecnología puede causar daños irreversibles, ya que los campos electromagnéticos que estas emiten provocan enfermedades como vértigo, fatiga, trastornos del sueño, pérdida de memoria y desarrollo de tumores cerebrales.
  6. Enfermedades oculares: Permanecer mirando por horas las pantallas de un computador o televisor puede traer también problemas en los ojos.
  7. Adicción La obsesión por la tecnología es una realidad en el mundo moderno. Tanto así ésta ya está catalogada como una enfermedad por los especialistas.

No permita que esa esclavitud tecnológica inunde su vida cotidiana, disfrute de esta era y todas las facilidades que  brinda, pero sin abusar y sin olvidar que aún no se inventa el robot que hace el ejercicio físico por uno, eso aún nos toca a nosotros.